Quiénes eran los antiguos canarios
Los antiguos canarios, también llamados guanches en Tenerife (aunque cada isla tenía sus propios pueblos y nombres), fueron los habitantes originarios de las Islas Canarias antes de la conquista castellana en el siglo XV. Procedían principalmente de pueblos bereberes del norte de África y llegaron a las islas hace más de 2.000 años.
Vivían de la ganadería, especialmente de cabras y ovejas, además de la agricultura y la recolección. Habitaban cuevas o casas de piedra, fabricaban cerámica y utilizaban herramientas de hueso y piedra. También desarrollaron creencias religiosas relacionadas con la naturaleza y practicaban rituales funerarios como la momificación en algunas islas.
La conquista de las Canarias por la Corona de Castilla terminó en 1496, y desde entonces la cultura indígena se mezcló con la europea, aunque muchas tradiciones, palabras y costumbres siguen presentes hoy en la identidad canaria.
Por qué se construyó
La Necrópolis de Arteara fue construida por los antiguos habitantes aborígenes de Gran Canaria como un gran cementerio funerario. Se utilizaba para enterrar a los muertos, probablemente entre los siglos XI y XV, antes de la conquista castellana.
Está formada por cientos de túmulos de piedra volcánica distribuidos en la ladera del barranco de Arteara. Los antiguos canarios creían en la importancia de honrar a sus antepasados y realizaban rituales funerarios relacionados con sus creencias espirituales.
La ubicación también tenía valor simbólico: el valle de Arteara era un lugar protegido y visible, ideal para este tipo de espacio sagrado. Hoy es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Gran Canaria.
Importancia arqueológica
La Necrópolis de Arteara tiene una enorme importancia arqueológica porque es la mayor necrópolis aborigen de Gran Canaria y una de las más relevantes de todas las Islas Canarias.
Gracias a sus más de 800 túmulos funerarios, los arqueólogos han podido conocer mejor cómo vivían y cómo enterraban a sus muertos los antiguos canarios. El lugar aporta información sobre sus creencias religiosas, organización social y técnicas de construcción con piedra volcánica.
Además, el yacimiento ayuda a entender la relación espiritual que los aborígenes tenían con el paisaje y la naturaleza. Por su valor histórico y cultural, está protegido como Bien de Interés Cultural y es una pieza clave para conservar la memoria de los primeros habitantes de la isla.



