
No es solo un cementerio antiguo, es una ventana a como entendían la vida y la muerte los aborígenes canarios

La muerte ocupaba un lugar muy importante en la cultura de los antiguos pobladores canarios, especialmente entre los guanches. Para ellos, la muerte no significaba el final, sino el paso hacia otro estado espiritual. Creían que el alma continuaba existiendo y por eso trataban a los difuntos con gran respeto. Los cuerpos de las personas importantes eran momificados mediante técnicas naturales y rituales especiales, similares a las de otras culturas antiguas. Después, eran colocados en cuevas funerarias junto a objetos personales, pieles o cerámicas. Estos rituales demostraban la importancia de honrar a los antepasados y mantener el vínculo con ellos. Además, las montañas, cuevas y lugares sagrados tenían un significado espiritual relacionado con la vida y la muerte. Gracias a los restos arqueológicos, hoy conocemos mejor cómo entendían la muerte los primeros habitantes de Canarias.
Como era el concepto de la muerte antiguamente?

Los antiguos habitantes de Gran Canaria concebían la muerte como un paso importante y sagrado, no simplemente como un final. Aunque no dejaron textos escritos, la arqueología y las crónicas de los primeros europeos muestran que tenían un profundo respeto por sus muertos y creían en algún tipo de continuidad espiritual o vínculo con los antepasados.
La prueba más clara es la enorme dedicación que pusieron en sus necrópolis, como Necrópolis de Arteara. Construían tumbas de piedra cuidadosamente organizadas en las laderas y barrancos, muchas veces orientadas hacia lugares concretos del paisaje. Algunas personas importantes eran enterradas con objetos personales, pieles o recipientes, lo que sugiere que la vida después de la muerte tenía significado dentro de su cultura.

El paisaje también era parte esencial de esa visión espiritual. Los barrancos, montañas y riscos no eran solo lugares físicos: probablemente tenían valor simbólico y religioso. Por eso muchas necrópolis se sitúan en zonas elevadas o visibles, integradas en el entorno natural.
¿Cómo era la vida aborigen?
Para entender la muerte, debemos entender cómo vivían nuestros antepasados. Para los antiguos canarios, la vida estaba profundamente unida a la naturaleza, a los barrancos, las montañas y los ciclos del cielo y de la tierra. Vivían en comunidades donde el vínculo con la familia, el territorio y los antepasados tenía un enorme valor, y esa relación no terminaba con la muerte.

Sus necrópolis, como la de Necrópolis de Arteara, muestran que despedir a los muertos era un acto cargado de respeto y simbolismo. Los túmulos de piedra no solo eran tumbas: eran lugares de memoria, conexión y permanencia. Construidos en laderas abiertas y paisajes imponentes, reflejan una visión en la que la muerte formaba parte del equilibrio natural y espiritual del mundo.
Los aborígenes canarios observaban el paisaje como algo sagrado. Los riscos, el viento, el silencio de los barrancos y la posición del sol probablemente tenían significado dentro de sus rituales. La elección de lugares elevados y visibles para enterrar a sus muertos sugiere que buscaban mantener viva la presencia de quienes ya no estaban, integrándolos para siempre en el territorio de la comunidad.

Así, comprender su idea de la muerte es también comprender su manera de habitar la isla: una vida conectada con la tierra, con los ciclos naturales y con la memoria de quienes vinieron antes.
Las colmenas de Arteara
La instalación de colmenas ha sido uno de los pocos aprovechamientos que han hecho los vecinos de Arteara del espacio de la necrópolis. Tradicionalmente las colmenas se obtenían vaciando troncos de palmera previamente cortados al tamaño deseado. Estas colmenas se colocaban sobre una base de piedra y se cubrían igualmente con una laja.
La explotación de las colmenas es una actividad que pervive en Arteara.
En torno a la explotación tradicional de las colmenas existían numerosas prácticas y creencias bastante singulares. Un aspecto curioso tenía lugar a la muerte del propietario de las mismas, ya que entonces se destruían y se les colocaba un crespón negro en señal de luto, tal y como ocurre con éstas que vemos aquí, abandonadas desde la muerte de su dueño.

Las antiguas colmenas tradicionales del entorno de Necrópolis de Arteara tienen un gran valor cultural porque forman parte del paisaje humano e histórico del barranco desde hace generaciones. La apicultura tradicional en zonas como Arteara no era solo una actividad económica: representaba una forma de convivencia con un entorno duro y seco, aprovechando los recursos naturales de manera muy cuidadosa.

Las colmenas, muchas veces construidas con piedra, madera o cañas, se colocaban en lugares protegidos del viento y del calor extremo. La miel era un alimento valioso y también tenía usos medicinales y rituales dentro de la cultura rural canaria. Además, la presencia de abejas ayudaba a la polinización de palmeras, tabaibas y otras plantas del barranco, manteniendo el equilibrio del ecosistema.
En Arteara, estas colmenas tienen además un significado simbólico especial porque conviven con uno de los espacios funerarios más antiguos de la isla. El paisaje mezcla así distintas capas de la historia de Gran Canaria:
- el mundo espiritual de los antiguos aborígenes,
- la vida agrícola y pastoril tradicional,
- y la relación constante entre las personas y la naturaleza del barranco.
Por eso, cuando se observan las colmenas junto a los túmulos funerarios y las montañas volcánicas, no se ven solo estructuras rurales: se percibe la continuidad de siglos de vida humana adaptándose y dejando huella en el mismo paisaje.
Pinche aquí para contactarnos
Política de privacidad | Política de cookies | Aviso legal | Descargo de responsabilidad